La anoxia digital
Respirar a través de la lectura en papel
¡Hola, reader!
En Anoxia, novela de Miguel Ángel Hernández (Anagrama, 2023), la historia de la fotografía está presente como un personaje más de la narración. Se describen sus inicios, sus procesos, sus cambios en el tiempo, lo que significa mirar a través de un objetivo o buscar un encuadre, el revelado, la espera, la paciencia. Esta presencia constante de la fotografía en la novela se traduce en una presencia constante de su materialidad. La fotografía, hasta hace relativamente poco, era una disciplina de procesos físicos: desde la preparación de los materiales, de la cámara y de la imagen hasta el proceso de revelado, de postproducción y la obtención del producto último. “Las fotos también son objetos. Objetos físicos que ocupan lugar” (p. 73).
Hay un aspecto de la novela que me interesa especialmente. Dolores, la protagonista, es dueña de una tienda de fotografía que sobrevive a duras penas. Con el tiempo, ha dejado de sacar fotografías (que se reducen ya a los pocos encargos que le surgen en la tienda): “Un día se levantó y no le apeteció cargar la cámara. Ese instante sentó precedente. Y los días se sumaron” (p. 123). A lo largo de la historia, vemos cómo Dolores redescubre su vínculo con la fotografía, la pulsión por retratar y su propia mirada a través del objetivo. Aunque en la novela este hecho deriva de las circunstancias personales de la protagonista, hay algo en esa pérdida y posterior recuperación del interés que se conecta con la manera en que nos hemos relacionado con el mundo analógico desde la llegada de lo digital.
El tiempo que pasamos entre pantallas es mayor que el que pasamos fuera de ellas. Ya sea para trabajar, para consultar detalles administrativos, para entretenernos, para practicar deporte, para leer, incluso para escribir este mismo texto. Salimos de una pantalla y entramos en otra. Desconectamos de lo digital con lo digital. Esto deriva, de manera gradual y sin que apenas lo percibamos, en una falta de oxígeno (anoxia) en el tiempo que dedicamos a tantas otras cosas fuera de ese scroll o esas notificaciones. De ahí que no sorprenda que la hiperconexión haya provocado también un renovado interés por lo analógico, por frenar lo que sucede de forma tan rápida y sin control. Lo que al principio comenzó siendo un gesto nostálgico o romántico, ha acabado siendo una manera de volver a los procesos anteriores, cuando sacar una fotografía era un proceso más lento, pero que a la vez requería presencia y permitía reflexionar, tomar decisiones que dependían de cada momento y cada detalle.
La lectura en papel también es esto. Coger un libro de la estantería y sentarse a leer es otra forma de respirar fuera de las pantallas. Y sí, tal vez el libro pese en las manos, tal vez haya que buscar la luz adecuada o encontrar la posición más cómoda en el sofá, tal vez sea preciso dejar el móvil en otra habitación, tal vez sea necesario hacer un esfuerzo para concentrarse y prestar atención a las líneas de texto. Tal vez haya que recordar que leer no solo es consumir contenido, sino también pasar las páginas de un objeto que no tiene prisa, que existe como elemento tangible y que ofrece una experiencia íntima y única, material y analógica. Un objeto que, aunque sea por unos minutos, nos permite abrir un espacio lento en el que recuperar el oxígeno que nos falta para pensar, desconectar y frenar.
Dolores, la protagonista de Anoxia, describe así su experiencia al hacer una búsqueda online de unas imágenes que ha visto antes en formato físico: “Comprendió en ese momento el sentido del álbum de terciopelo en el que Clemente le entregaba las fotos. Una manera de conferir materialidad a las imágenes y convertirlas en algo que se puede tocar y abrazar como si fuera un cuerpo” (p. 119). La dimensión material de la fotografía y la lectura permite eso: tocar, abrazar, respirar cuerpo con cuerpo. Esa experiencia física que no ocurre dentro de ninguna pantalla.
Próximos eventos
El ciclo de “Escrituras cactus. Tentativas literarias sobre Julio González” continúa el próximo miércoles 25 de marzo a las 18h en el IVAM. Es ya la tercera sesión del ciclo y conversaré con la escritora y filósofa Sara Barquinero, autora de Los escorpiones y de La chica más lista que conozco (nueva novela que acaba de publicar). Si estás en Valencia, te espero para hablar sobre la melancolía y la filosofía en el arte y la escritura.


Así fue
La anterior sesión del ciclo de “Escrituras cactus” en el IVAM tuvo lugar con Miguel Ángel Hernández. Fue un lujo poder conversar sobre arte y ficción, puntos de vista oblicuos y obsesiones narrativas con el autor de Anoxia.


En otro orden de libros
Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar de nuevo el archivo Special Collections de University of Reading. Allí descubrí el trabajo de Gaberbocchus Press, una editorial fundada en 1948 en Londres por Stefan y Franciszka Themerson con la voluntad de experimentar con el lenguaje y los efectos visuales fuera de la norma y de lo mainstream. Como ellos mismos describían, Gaberbocchus era un vehículo para introducir nuevas ideas a través de otras formas de combinar texto e imagen. Entre los autores que publicaron están Bertrand Russell, Hugo Manning y Raymond Queneau.
En concreto, destaco The True Life of Sweeney Todd de Cozette de Charmoy (1976). Esta novela se construye como un collage de imágenes impresas de la época victoriana (muchas de ellas provenientes de The Illustrated London News, una de las primeras revistas ilustradas de la historia). De Charmoy utiliza la imagen irónica y la metáfora visual para contar la historia del famoso barbero asesino de Fleet Street. Aquí, el texto casi se convierte en personaje secundario y sirve más para expandir la imagen y no al contrario.


Una novela.
La chica más lista que conozco de Sara Barquinero (Lumen, 2026). Novela sobre la vergüenza y la desigualdad en las relaciones (en concreto, en el ámbito académico) y que está planteada como un tratado filosófico con sus correspondientes hipótesis.
Un ensayo.
El libro blanco de Vicente Luis Mora (La Caja Books, 2026). Este libro es una meditación. Un recorrido poético en forma de listas en las que se reflexiona sobre el silencio y sus múltiples materialidades.
Un libro de artista.
Everything is in the Process of Becoming Something Else de MOS Architecture (Studio Lin, 2026). Una colección de libros pop-up que se inspiran en la historia artística de Venecia y en el concepto de la ciudad como “colección de islas”.
¡Nos leemos!
Felices y oxigenadas lecturas.
Puedes contactar conmigo a través de Instagram o de mi página web arquitectadelibros.com. También puedes escribirme directamente a berta@arquitectadelibros.com.



Qué interesante, añado Anoxia a mi lista de pendientes
La soberanía biológica se recupera en el instante en que decidimos soltar el scroll infinito para volver a la materialidad de un objeto que nos devuelve el oxígeno y el vigor de la presencia real.
Qué buen análisis haces sobre esa anoxia digital porque al final la hiperconexión es una de las mayores distorsiones de nuestra época, una que nos roba la Autonomía de nuestra atención y nos deja sin aire. Me encanta la forma de ver las cosas que comentas al rescatar el valor del libro como objeto tangible ya que la verdadera Independencia de salud mental nace de esos procesos lentos que, como el revelado fotográfico o el paso de las páginas, requieren que el cuerpo y la mente estén en un mismo lugar. Al final.... ese "respirar cuerpo con cuerpo" con el papel es lo que blinda nuestra inexpugnabilidad frente a la tiranía de las notificaciones.
Esa necesidad de conferir materialidad a las imágenes y a las palabras es pura Soberanía biográfica. En Salud Leona defendemos que el vigor y la salud integral pasan por desconectar de lo digital sin usar más digital, recuperando la Independencia de nuestros sentidos a través del tacto, el peso y la luz natural. Mantener un espacio lento en un mundo que no tiene freno es lo que te otorga la Autonomía psicológica para pensar con claridad y no ser solo una consumidora de contenido, sino una habitante de tu propia realidad analógica.
Estamos escribiendo un libro en tiempo real sobre cómo blindar esa Soberanía para que el oxígeno nunca te falte en esta era de pantallas. Te animo de verdad a que te unas a nuestra manada suscribiéndote porque tu mirada sobre la arquitectura de los libros y la experimentación visual es el tipo de Independencia de criterio que celebramos aquí. Me encantaría que nos enviaras algún artículo tuyo donde hables de cómo la lectura en papel ha transformado tu Autonomía de movilidad y la energía con la que enfrentas tus proyectos culturales en Valencia. ¿Crees que el libro físico es la herramienta definitiva para recuperar nuestra Soberanía emocional frente al vacío de lo puramente digital?
Seguimos. 🦁🔥